Si hay algo que se ha puesto en agenda en estos días es la cuestión del salario básico universal. Impulsado por dirigentes sociales como Juan Grabois y hasta mencionado por la vicepresidenta, la medida tomó fuerza como una alternativa en el contexto de la crisis económica que atravesamos los argentinos. Si bien suena como una idea atractiva, no podemos evitar mencionar que esta idea nos trae algunos reparos y dudas. Dicho en otros términos, nos hace ruido.
Comenzando por la superficie notamos que es una idea que tuvo particular fuerza en estos últimos años por el candidato demócrata a presidente de Estados Unidos Andrew Yang, cuya plataforma se centró casi exclusivamente en la implementación del “Universal Basic Income” (literalmente salario básico universal). Al menos desde el marketing el proyecto no parece más que una traducción textual de aquello que planteaba el candidato estadounidense. Ya mencionamos en otras publicaciones la necesidad de buscar soluciones propias acordes al país sin copiar recetas extranjeras.
¿Solución o resignación?
Nos preguntamos qué solución significa el salario básico universal para alguien que trabaja en condiciones paupérrimas alejadas de cualquier tipo de contención estatal, sindical o legal. ¿No sería solo un parche que blanquea esta lastimosa situación? ¿No sería resignar la posibilidad de generar empleo con salarios dignos por un pequeño ingreso complementario? No estamos diciendo que la ayuda estatal no pueda mejorar la vida de aquellas personas que lo necesitan, pero esta no puede ser una solución cuando lo que en realidad hace falta es generar trabajo y aumentar los salarios. Un ingreso complementario ante una situación tan ardua como la que estamos transitando en materia social y económica parece decir que lo único a lo que puede aspirar el Estado es a paliar los efectos de un capitalismo inhumano y no a transformar esa realidad en un sistema que nos incorpore a todos desde la matriz.
Desde La Clave Nacional sostenemos que hay que apuntar a crear trabajo con salarios dignos y regularizar el trabajo que ocurre en los márgenes de la economía formal.

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